Psoriasis y depilación láser.

La piel, el órgano más grande del cuerpo, al igual que el resto de órganos, funciona de una forma perfectamente engranada. Su misión es la de protegernos ante factores externos como pueden ser bacterias, temperaturas extremas, agentes químicos…

Pero en ocasiones este engranaje falla y aparecen lesiones en la piel traducidas de múltiples maneras. Hoy vamos a tratar una de las enfermedades más habituales y todavía difíciles de tratar. La Psoriasis.

La psoriasis, es una enfermedad crónica que se manifiesta en intervalos de tiempo muchas veces condicionados por situaciones de estrés, tabaquismo, alcohol, obesidad, falta de vitamina D, ciertas infecciones como la amigdalitis…

Se trata de una enfermedad cuyo origen es aún desconocido para la medicina, si bien se conoce que es producida por una aceleración del ciclo de vida de ciertas células (células T), cuya misión es atacar contra bacterias y virus.

El problema viene cuando estas células por un comportamiento anómalo, atacan por error a la piel sana como si lo estuviesen haciendo ante una herida. Es cuando se da lugar a un proceso en bucle por el que cada vez se acumulan más células de este tipo en la capa externa de la piel y de forma muy rápida.

La consecuencia es un cúmulo de “células T” que provocan la aparición de escamas y manchas rojas, dando lugar a la “comezón” típica de esta enfermedad e incluso dolor.

Estas zonas por lo general, no tienen la misma cantidad de pelo que el resto del cuerpo, si bien también lo presentan. La forma para poder depilarlo, tal y como aconsejan los dermatólogos, es a través de la luz monocromática (láser).

No es aconsejable el uso de cuchillas, cera o crema depilatoria, puesto que se trata de modos muy agresivos de eliminar el pelo.

Sin embargo, no es posible tratar la zona afectada en pleno brote, hemos de esperar a que la reacción desaparezca para poder aplicar el tratamiento.

De igual modo, ha de ser un tratamiento aplicado a energías muy controladas para evitar exceso de calor y agresión en la zona, pero suficientes para poder atacar al folículo piloso. He aquí la problemática.

Por ello, se hace necesario más que nunca, dar lugar a una sesión de valoración por personal especializado antes del tratamiento y poder así evaluar el estado de la piel, su capacidad de absorción de luz y la energía máxima y suficiente para resultar efectivo el tratamiento.

Además, no es recomendable comenzar este tipo de tratamientos en los meses más calurosos del año en donde la piel sufre más ante las inclemencias del sol.

Y durante todo el año es recomendable cuidar (como siempre…) el estilo de vida, reducir el estrés, evitar el tabaco y la ingesta de alcohol y aplicar cremas humectantes, elaboradas para crear una barrera protectora de la piel, evitando la evaporación del agua.

 

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