Tiempo de lectura

Cada veintitrés de abril millones de personas en más de cien países conmemoran el Día del Libro. En España es una fecha festiva en Aragón y Cataluña, pues coincide con la conmemoración de su patrón, san Jorge, y los libros salen a la calle en un ambiente tan estimulante como divertido.

No corren buenos tiempos para el sector editorial por múltiples motivos: se leen menos libros a causa de la crisis y de la aparición de nuevas fórmulas de entretenimiento —televisión, Internet, telefonía móvil, tabletas y videoconsolas sobre todo— , la llegada del libro electrónico ha venido a alterar todavía más este precario equilibrio y cada vez resulta más difícil enganchar a la lectura a jóvenes y niños. La verdad es que, aún así, puede decirse que se lee mucho… aunque leemos pocos.

Este escenario, sin embargo, cambia por completo su decoración en vísperas de la celebración del Día del Libro. Esta fecha, el 23 de abril, fue escogida internacionalmente como «Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor» por su coincidencia con el entierro de Miguel de Cervantes y las muertes de William Shakespeare (según el calendario juliano), Garcilaso de la Vega, William Wordsworth y Josep Pla.

En España, la conmemoración tiene todavía más poso: fue el rey Alfonso XIII quien emitió un Real Decreto en febrero de 1926 para crear la Fiesta del Libro Español, cuya fecha de celebración varió al principio hasta quedar fijada el veintitrés de abril, definitivamente, en 1930. La fiesta cuajó sobremanera en las ciudades universitarias, en especial en Barcelona —desde la cual se extendió a toda Cataluña, donde se fue convirtiendo en tradición intercambiar flores y libros con los seres queridos—. A partir de la década de los ochenta, la conmemoración recuperó su ímpetu en el resto de España, con Madrid y Aragón a la cabeza.

Hoy en día, y a pesar de la crisis, el Día del Libro es una auténtica fiesta alrededor de esos amigos maravillosos que jamás nos dan la espalda. La firma de ejemplares, el contacto directo con los autores, la adquisición de novelas, ensayos, poemarios y libros infantiles se convierte en un auténtico espectáculo humano que contagia el amor por la lectura. A los puestos acuden todo tipo de personas: desde ávidos lectores a aspirantes a serlo. De hecho, no son pocas las personas que solamente compran un libro al año… y lo hacen este día. ¿Un dato significativo? El volumen de ventas durante el Día del Libro en Zaragoza supera el total de la Feria del Libro, que se celebra un mes después. Es decir: en un único día se venden más libros que en los diez que suele durar la feria.

Lo importante, sin embargo, no es lo crematístico. Es el ambiente inolvidable que se vive: la entrega de los libreros y los editores, el entusiasmo de los escritores firmantes, la felicidad de los lectores, la ilusión ojiplática de los niños que se sumergen, en compañía de sus familiares, en ese universo placentero en el que la imaginación y la realidad trascienden nuestros límites y nos permiten llegar a ser, todavía más y sin dejar de disfrutar, nosotros mismos.

Así que, no lo olvides: este veintitrés de abril tienes un plan. Celebra el Día del Libro en tu ciudad, en tu planeta. Regálate uno de ellos, aquel que te enamore en el primer vistazo, y no tardarás en disfrutarlo.

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