Las multas de tráfico más absurdas

Todos estamos de acuerdo en que la seguridad vial es un valor fundamental y coincidimos al pensar que las multas desempeñan un papel capital para garantizarla. En torno al 50 % de los ingresos anuales percibidos por la Dirección General de Tráfico procede de este tipo de sanciones. Sin embargo, hay algunas absolutamente absurdas, grotescas e incluso ridículas. ¿Quieres conocerlas?

¿Recuerdas el legendario anuncio «¿Te gusta conducir?» de BMW, y la placentera sensación que producía la imagen del codo del conductor descansando plácidamente sobre la ventanilla bajada? ¿Te gusta esa postura? ¿La practicas? ¿Te sientes más chulo que un ocho cuando la adoptas al conducir tu automóvil? En tal caso… olvídate de ello. Puedes ser multado con 80 euros por no mantener la atención exigida para la conducción.

Este mismo motivo es el que puede ocasionarte una sanción similar si conduces discutiendo con tu acompañante. Y una multa aún mayor si aprovechas los semáforos o los atascos, por ejemplo, para dar los últimos toques a tu maquillaje, afeitarte, beber o dar mordiscos furtivos a un bocata. Por otra parte, comerse las uñas o hurgarse la nariz con el vehículo en marcha, además de una cochinada, es una falta sancionable por falta de atención. Al volante también debes controlar tus efusividades amorosas: dar un beso al copiloto es un indicador de desatención al conducir por el que puedes ser multado.

Del mismo modo, tu apariencia también puede ocasionarte sanciones. Para empezar, olvídate de conducir descalzo. Hay quien asegura que, de este modo, siente mejor los pedales. De nada te servirá explicárselo al agente de tráfico que te haya detenido en la cuneta cuando te esté extendiendo su particular dolorosa de 200 euros. Otro tanto puede costarte conducir sin camiseta, así que cuidadín cuando sales de la playa, no funciona bien la refrigeración o te mola presumir de descapotable y cuerpo serrano a la vez.

Otra sanción bastante ridícula es la que le supuso a un conductor gallego circular con un tirachinas de madera —tallado por su abuelo— colgando del retrovisor. Le costó 300 euros del ala… ¡por tenencia ilícita de armas! Mucho ojo, pues, ya que lo mismo puede suceder si llevas en el maletero un bate de béisbol, una azada o una afilada navaja de Albacete.

Y con respecto a la música, sé prudente. Si la llevas excesivamente alta, molestando a los demás, la sanción ascenderá a 200 euros como mínimo. Y, lo creas o no, si conduces con unas orejeras puestas también pueden multarte. ¡Quién sabe si, debajo de ellas, ocultas un par de auriculares con la música a tope!

Como ves, el catálogo de multas tontas es más amplio de lo que imaginabas. Al margen de la hilaridad y la mofa que puede generar ser sancionado por estos motivos, lo cierto es que, en la mayoría de los casos, hay razones objetivas de seguridad que justifican tales prohibiciones. Todos somos conscientes del peligro que supone conducir pendientes de los móviles; pero, en realidad, a efectos prácticos no hay tanta diferencia entre mandar un wasap y perfilarnos las pestañas.

Al volante, la concentración y la adecuación deben ser totales.

En beneficio de todos.

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