La juventud sí que sí

¿Te acuerdas de los jóvenes ninis: esos muchachos pasivos, parásitos y abandonados a su suerte que ni estudian ni trabajan —ni tienen intención de hacerlo— y llenan su tiempo con vacío, indiferencia y juergas en bucle? Esta estirpe juvenil está siendo reemplazada por otra más esperanzadora: la juventud sisi. ¿Quieres conocerla?

La saga de los ninis, que ha dado contenido a un buen número de programas televisivos del tipo Hermano Mayor, está empezando a ser sustituida por una nueva juventud. No es que el origen de este hecho sea, en sí mismo, reparador ni positivo —ya que también es consecuencia de la crisis—; pero, al menos, la aparición de los sisis nos permite ser más optimistas porque refleja que un buen número de nuestros herederos están dispuestos a asumir sus responsabilidades y aportar lo necesario para sacar esto a flote.

Los sisis son lo contrario de sus antecendentes ninis: sí estudian y sí trabajan. Si bien es cierto que todavía hay el doble de ninis que de sisis, la verdad es que la pirámide poblacional de ambos se está invirtiendo progresivamente, por lo que la imagen y la valoración de nuestros descendientes está mejorando de un modo exponencial.

La prolongada crisis económica que está sufriendo España ha impedido que muchas familias puedan pagar los estudios universitarios o especializados de sus hijos. Un buen número de ellos, en vez de autocompadecerse y permanecer paralizados en sus casas, han decidido coger el toro de su futuro por los cuernos y arrimar el hombro en el presente para tratar de conseguir sus sueños. Aunque, eso sí, con los pies firmemente asentados en el suelo.

Estos chavales de entre 16 y 29 años parecen extenuados. Las ojeras y el bostezo crónico son sus principales rasgos externos, pues asumen interminables jornadas cotidianas que incluyen asistir a clase, desempeñar su actividad laboral —a media jornada o completa, según los casos— y estudiar para llevar al día su preparación. El 8 % de los jóvenes actuales —casi 600 000— estudian y trabajan a la vez. Estos chicos trascienden el acomodamiento de los ninis y han decidido compaginar su formación con el trabajo, percibiendo sueldos bajos que, sin embargo, les permiten invertir en su futuro. Algunos de ellos, incluso, contribuyen con su sueldo al mantenimiento y la subsistencia familiares.

La actividad frenética de estos sisis, según reconocen muchos de ellos, exige un permanente sacrificio, máximo convencimiento, grandes dosis de tesón y un despliegue físico elevado. La mayoría asume que no podrán mantener ese endiablado ritmo de vida mucho tiempo, pero se concentran en el aquí y ahora porque no ven otro camino.

Se desmarcan de los ninis, a los que no entienden, y cuyas vidas vacías son incapaces de aceptar. Estos jóvenes tienen claro que la lucha y el sacrificio, si no cambian muchísimo las cosas, van a acompañarles siempre. Y se están preparando para ello.

Por fortuna, no arrojan la toalla. Quieren ser artífices, protagonistas, soberanos de sus vidas. Se han arremangado y están decididos a sobreponerse a todo. Gran cantidad de ellos han asumido que perseguirán su porvenir allá donde se encuentre, aunque para ello tengan que abandonar España e ir tras él al extranjero.

Esta generación sisi, por lo tanto, va a cambiar la realidad de nuestra patria. Porque es consecuencia y causa, al mismo tiempo, de los cambios sociales que afrontamos. Al menos, con ellos, nuestro futuro parece que está en mejores manos.

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