Grandes placeres minúsculos

Es de noche. Son las once, las doce, la una o la hora a la que sueles acostarte cada día. Acabas de finalizar tu aseo personal, te has puesto el camisón o el pijama mientras soportas el cansancio acumulado durante toda la jornada en forma de estrés, fatiga o, simplemente, fuga de energía. Deseas buenas noches a tu acompañante —o a ti mismo—, te metes en la cama, apagas la luz y tratas de conciliar el sueño cuanto antes para desconectar y empezar tu regeneración con prontitud.

Pues bien, acabas de desperdiciar una oportunidad de disfrute, un placer minúsculo que está a tu alcance cada noche, gratificante, sensorial y gratuito. ¿Quieres saber más? Hay quien lo llama el orgasmito, y se trata de la corta y placentera sensación que experimenta nuestro cuerpo al iniciar el contacto con el colchón y con las ropas de cama. El inicio del descanso. Una suerte de hormigueo, perceptible especialmente en nuestras piernas, al distenderse nuestros músculos y empezar a relajarse. Dura solo unos instantes, pero si prestamos atención podremos disfrutarlo cada noche. Es intenso, fugaz, y, por ello, incomparable. Tal vez podremos alargarlo, con un poco de práctica, si tensamos voluntariamente nuestros músculos al empezar a sentirlo; como en los ejercicios de relajación: tensión-distensión muscular, concentrándonos en las sensaciones que experimentamos en nuestro tren inferior. El resultado, si lo hacemos bien, es una placentera sensación de dos o tres segundos que, aunque puede parecer que no es gran cosa, puede lograrse a diario, lo que se traduce en un disfrute anual de 1.095 segundos, es decir, más de 18 horas de placer lo cual no es, ciertamente, desdeñable. El resultado es, además, proporcional al cansancio acumulado, por lo que resulta aún más liberador y placentero.

La reflexión consecuente es que tenemos a nuestro alcance fórmulas sencillas para mejorar nuestro estado personal. La felicidad no es un punto de llegada, sino más bien un camino, una actitud, un estado de ánimo; e invertir unos segundos o minutos de atención en nosotros mismos es una espléndida vía para experimentarla.

Existen más pequeñas gratificaciones personales a nuestra disposición: prepararnos un baño espumoso y dedicar siquiera veinte minutos a sumergirnos en él, y en nuestro mundo interior, no es algo que podamos hacer todos los días, pero sí regalárnoslo ocasionalmente porque nos lo merecemos. También es agradable, sobre todo después de un día agotador, asomarse al cuarto de los hijos y contemplar cómo duermen, cuan benditos, en el relax de la noche. O depositar un beso inesperado, tal vez una caricia, en quien te quiere. Qué decir de la risa, de la carcajada: sonreír es gratis y, sus efectos, inmediatos y vigorizantes. Dedicar un rato a disfrutar de una lectura a nuestro gusto, o tomar el sol en la terraza unos minutos, son paréntesis sencillos, alcanzables, cuyos efectos tal vez pasan desapercibidos a diario pero, desde luego, no a la larga, pues mejoran nuestro tono personal y nos permiten disfrutar más y mejor de lo que somos y de cuanto nos rodea.

Acuérdate esta noche, al acostarte, e intenta disfrutar de esos segundos de placer sobre las sábanas. ¿Por qué vas a perdértelos?

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