El olor de un nuevo día

Llega la última generación de despertadores: se acabaron los agudos timbrazos, los bocinazos molestos y los pitidos que nos sobresaltan. El nuevo SensorWake nos despertará de una manera plácida, suave y natural. ¿Te estás oliendo ya de qué estamos hablando?

Uno de los momentos menos agradables del día es el instante en el que se dispara la alarma de nuestro reloj despertador y nos interrumpe el sueño. Tenemos que levantarnos, es la hora de hacerlo, pero la agitación provocada puede generar un cierto malhumor que, lo eliminemos antes o después, no es el mejor modo de comenzar el día. Todos contamos con inolvidables recuerdos de despertares placenteros —normalmente asociados a los fines de semana o los periodos vacacionales— en los que hemos abandonado el sueño entre caricias, besos y otras envolventes sensaciones. Abrir los ojos y percibir un delicioso aroma a pan recién hecho o a café caliente, por ejemplo, es una magnífica manera de hacerlo.

Este es, en esencia —nunca mejor dicho—, el concepto aplicado por los nuevos despertadores SensorWake fabricados por Kickstarter: utilizar la emisión de olores agradables para despertarnos. Guillaume Rolland, un jovencísimo estudiante de ingeniería, ideó este dispositivo que fue coronado como una de las «15 grandes invenciones» de la Google Science Fair en 2014 y, posteriormente, se unió a un experimentado equipo de ingenieros y empresarios para convertir el prototipo en un producto comercial.

Con un diseño cúbico minimalista y una extensa variedad de sugerentes aromas —que incluyen, entre otros, cruasán horneado, café expreso, caramelo de fresa, chocolate caliente, melocotón y hierba recién cortada— contenidos en cápsulas que pueden utilizarse hasta sesenta veces, se trata de una alternativa realmente agradable para nuestro amanecer. Los estudios aseguran que el sistema funciona en el 99 % de las ocasiones, despertándonos en menos de dos minutos desde la activación de esta «llamada» aromática. Con todo, el despertador incluye un plan B para evitar la modorra: una alarma sonora se activa tres minutos después para sacar de la cama a los maxidormilones… o a los congestionados nasales.

El despertador costará alrededor de los 100 euros y, cada cápsula adicional, algo más de 7 euros. La consideración de caro o barato depende de cada sensibilidad aunque, desde luego, despertarse de buen humor no tiene precio.

Ya veremos cuál es la aceptación comercial del SensorWake: quizás, en un futuro próximo, nos resultará tan imprescindible como el teléfono móvil. O quién sabe si se convertirá en otro fiasco tecnológico, como lo fueron el sistema de vídeo 2000 o las memorias RDRAM. También es posible que alguien se encuentre trabajando ya en la tercera generación de despertadores, capaces de activarnos con besos, vibraciones o caricias. Y sin duda habrá más de uno que prefiera, simplemente, pedir a su pareja que lo despierte así, amorosamente, una mañana tras otra.

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