Duchas de dicha

Hay mañanas en las que no me levantaría. La almohada se ha incrustado de tal forma en mi mejilla que las sábanas me agarran y el sonido del despertador me martiriza igual que una tortura. Deambulo torpemente por la habitación, a media luz, y alcanzo el baño tras golpearme la espinilla contra el borde de la cama. Aún no soy persona. Empiezo a serlo en el momento en que el agua templadita acaricia mi cabeza, mi cara, el resto de mi cuerpo. En cuestión de unos minutos, el líquido regenerador me inunda de energía, de vitalidad, de savia nueva, y salgo de la ducha con ganas de comerme el mundo, renovado, totalmente cambiado.

Todos sabemos que la ducha diaria es imprescindible como medida de higiene, pero a menudo olvidamos sus incontestables beneficios para el organismo: activa la circulación sanguínea, tonifica la piel y los músculos, produce efectos positivos sobre nuestro sistema nervioso y nos hace sentir bien. ¿Recuerdas lo mucho que disfrutan los bebés en sus bañeras? Todos somos niños hinchados de tiempo, así que en realidad podemos hacer de esa rutina diaria un momento nuestro revitalizante, de satisfacciones y placeres, de intensa regeneración.

De pequeños, lo habitual es tomar esas duchas o baños por la noche, para relajar a los niños antes del sueño y eliminar todos los gérmenes y las suciedades acumuladas en el día. Al llegar la pubertad, las variaciones hormonales aconsejan cambiar el momento de la ducha a la mañana, pues la piel se vuelve grasa y se suda mucho más, de ahí la importancia de esa catarsis hídrica para eliminar los olores generados durante la noche por las hormonas y el sudor, además de para remover la grasa del rostro, la cual agrava la presencia del acné. En la edad adulta, ducharse a cualquier hora del día es garantía para deshacerse de las impurezas y las células muertas de la piel y, como ya hemos comentado, activa la circulación y mejora y tonifica el organismo. En esta etapa, la ducha matinal ofrece, frente a la nocturna, beneficios adicionales, fundamentalmente anímicos. Aunque es cierto que por la noche nos permite acostarnos relajados y fresquitos, al ayudarnos a despertar completamente en las mañanas nos dota de una expresión despejada y atenúa las ojeras, al tiempo que favorece el buen humor porque nos sentimos limpios. Experimentamos, pues, una mayor confianza y percibimos con más intensidad la aceptación de la gente, ya que la limpieza corporal, la lozanía de la piel, la frescura general y ese aroma a limpio que desprendemos nos hace sentir más seguros precisamente en el momento, por lo general, que más lo necesitamos: cuando estamos iniciando, y nos queda por delante, toda una larga jornada.

Esa sensación de regeneración, de renacimiento vital cada mañana, no tiene parangón. Al menos, para mí.

Y tú, ¿qué ducha prefieres: la matinal o la nocturna?

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