Dobles parejas

No es inusual que las celebridades elijan por pareja a otra celebridad, entre otras cosas porque se mueven en entornos similares donde el lujo, el glamour y las excentricidades suelen estarnos vedados al resto de los mortales.

Es innegable que el enamoramiento surge del contacto, por eso es comprensible que un deportista o un actor de moda se empareje con una presentadora de televisión, una actriz o una cantante de pop. Son las cosas de Cupido. Tan normales como que un showman se enamore de su peluquera, o una afamada escritora lo haga de su panadero. Este post no trata sobre el roce, el cual hace el cariño, sino sobre el marketing que hace los negocios.

La reciente ruptura sentimental de Cristiano Ronaldo, el portugués de los balones de oro, y su espectacular novia rusa Irina Shayk no es tan solo una cuestión interesante para la prensa rosa o sus respectivos seguidores. Algunos especulan sobre terceras personas, y la mayoría coincide en las tensas relaciones de la modelo con su familia política como la causa del conflicto. Por muy guapos, fashions y famosos que ambos sean, eso no nos preocupa. Como tampoco lo hace si el siete madridista acude melancólico a una gala deportiva, parece alicaído al posar junto a sus compañeros o le suelta un mamporro a un rival sin ton ni son. Todo eso nos da igual.

Sin embargo la separación ha supuesto, para ambos, un problema de marketing. Publicitario. Y por lo tanto económico. El efecto sinérgico de ambas imágenes personales unidas generaba muchísimos royaltis y firmas de contratos, tanto individuales como compartidos. Igual que Victoria y David Beckham, juntos eran mucho más que separados. Formaban un binomio imparable de mercadotecnia. Una baza ganadora que no dejaba nunca de dar mucho dinero.

Estas parejas de ases son más habituales de lo que creemos. Sus asesores y representantes detectan ese potencial comercial y saben explotar dicho negocio consiguiendo contratos publicitarios y apariciones públicas remuneradas de manera exponencial. La imagen de uno se alimenta de la del otro, y viceversa, y conjuntamente forman un todo especial con una imagen aún más poderosa.

Las parejas cinematográficas han sido y son muy habituales: Brad Pitt y Angelina Jolie, Daniel Craig y Rachel Weisz, Will Smith y Jade Pinkett (sin olvidar, en este caso, a sus dos hijos) y, yendo hacia atrás en el tiempo, tantas míticas parejas como Cark Gable y Carole Lombard tras protagonizar Lo que el viento se llevó, Spencer Tracy y Katherine Hepburn o Humphrey Bogart y Lauren Bacall entre otras. También hay especialistas en reinventarse y generar nuevas dobles parejas tras romper con la anterior: es el caso de Tom Cruise, vinculado sentimental y mercadológicamente a Nicole Kidman, primero, Penélope Cruz y ahora Katie Holmes. De igual modo, Penélope Cruz, antes que con Cruise con Nacho Cano y hoy con Javier Bardem, puede ser un buen ejemplo.

Pero si una combinación de celebridades emparejadas parece funcionar mejor y resultar más rentable en la actualidad es la formada por un deportista en activo y una belleza mediática. Que se lo digan si no al jugador de fútbol americano Tom Brady y la supermodelo Gisele Bundchen, los mejor pagados del momento. En el territorio nacional, Iker Casillas y Sara Carbonero o Sergio Ramos y Pilar Rubio son también buenas referencias.

Sea como sea, si bastante complicadas son per se las cosas del amor, no me quiero imaginar lo que sucede cuando se entremezclan con ellas los contratos, las representaciones y los agentes de imagen.

¡Qué bien estamos los demás con nuestras parejas anónimas, hogareñas y sencillas!

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