Cosas de mirones

En nuestra sociedad prima lo visual frente a la palabra y, cada vez más, se está imponiendo incluso a las ideas. Vivimos en la época de la imagen: lo que entra por los ojos influye decisivamente en lo que hacemos, deseamos y pensamos. ¿Somos, pues, unos mirones?

La belleza siempre ha entrado por los ojos. Así solemos descubrir, y elegir, a nuestra futura pareja; la observación es una herramienta imprescindible en el aprendizaje, ni el arte ni la comunicación se entenderían sin la contemplación. A todos nos gusta admirar El Discóbolo de Mirón, El Grito de Munch o la Sagrada Familia de Gaudí; los mejores chefs de la Guía Michelín tienen muy presente que la comida debe seducir en la primera mirada y el factor visual siempre adquiere un papel determinante en la atracción sexual. La televisión, el contenido audiovisual en Internet, la tecnología móvil, las redes sociales, el mapping y gran parte de los avances tecnológicos actuales apuntan en una dirección muy clara: nos estamos convirtiendo, cada vez más, en neomirones.

¿Cómo interpretar si no el éxito del selfie stick, considerado ya como el invento más importante del año? Este accesorio de cámaras fotográficas o móviles, consistente en un palo extensible para realizar autorretratos, ha sido creado en Asia y se está expandiendo a gran velocidad por todo el mundo. El auge de los selfis —término este, por cierto, elegido como palabra del año por la Fundación del Español Urgente— dice mucho sobre esta civilización voyeur que estamos construyendo. Ya no nos vale capturar la imagen, la estampa, la panorámica que vemos; ahora necesitamos captar, y compartir, esa misma imagen con nosotros dentro. Es como si, de algún modo, precisáramos cuatro ojos: dos para ver y otros dos para constatar que estamos siendo vistos. El fenónemo del palo para selfis ya ha generado los primeros conflictos: los clubes ingleses de fútbol Arsenal y Tottenham, a instancias de algunos de sus aficionados, han prohibido la entrada de este adminículo en sus estadios por un doble motivo: en primer lugar, la merma de visibilidad que produce en el resto de los espectadores y, en segundo, su posible uso violento de lanzamiento o golpeo. Nos gusta mirar, y vernos, más que nunca. Está claro que todos, en mayor o menor medida, tenemos ese gen de la Vieja del Visillo activo en nuestro ADN. El programa de televisión Gran Hermano 15 ha conseguido una audiencia del 21,40%, mejorando el share de las tres últimas ediciones, consiguiendo tres millones y medio de espectadores en la gala final y batiendo récords nacionales de tendencias en las redes sociales. Lo que hay que ver. Qué mirones somos…

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