A cerebro abierto

Que la realidad supera a la ficción en múltiples facetas de la vida resulta incuestionable. En el plano científico, cada vez es más frecuente encontrarnos situaciones impensables que parecen sacadas de una película o un libro excesivamente imaginativos. ¿Lo último? La interpretación musical de un paciente mientras se le extirpa un tumor en el cerebro.

Si alguien nos describiera la imagen de un hombre tumbado en el quirófano, con la cabeza completamente abierta, el cerebro visible, conectado a un sinfín de equipos médicos y monitores y rodeado de cirujanos que le piden interpretar al saxofón una conocida pieza musical, pensaríamos que se le está yendo la pinza al narrador de la historia. Ni siquiera Julio Verne, viviendo entre nosotros hace un par de décadas, hubiera sido capaz de imaginar esta escena.

Pero no se trata de una fantasía, sino de una realidad incontestable y necesaria. El músico profesional Carlos Aguilera fue el protagonista de esta historia que tuvo lugar el 15 de octubre de 2015 en el Hospital Regional de Málaga. Tenía un tumor en el cerebro que debía ser extirpado. En la actualidad, al realizar estas operaciones el paciente permanece despierto, sedado, con analgésicos, y debe colaborar diciendo palabras o contando números para ayudar a los médicos a situar los puntos estratégicos buscados en el cerebro. A través del mapeo de la corteza cerebral, estas estimulaciones naturales permiten localizar los sectores vinculados con la movilidad y el habla. Como, en este caso, el lenguaje musical resultaba fundamental en la vida profesional del paciente, el equipo médico decidió monitorizar también esta zona cerebral para tenerla controlada en todo momento.

Entre los precedentes más conocidos de esta intervención figuran las operaciones norteamericanas a enfermos de Parkinson, entre ellos un violonista y un guitarrista californiano. A este último, los médicos le pidieron que tocara su instrumento mientras le colocaban en los lugares exactos del cerebro una serie de electrodos, capaces de eliminar los temblores en sus manos. Este tipo de cirugías, milimétricas y precisas, requieren la colaboración activa del operado y se benefician de la insensibilidad del cerebro, el cual nunca duele.

Más allá de la espectacularidad de las imágenes que ofrecen estas operaciones, lo principal es el impulso científico que suponen y la mejora de salud y calidad de vida que proporcionan a los afectados. Estos últimos, como el saxofonista Carlos Aguilera, aseguran haberse sentido durante sus operaciones como si estuvieran descansando, tumbados, en una relajante playa.

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